sábado, 19 de enero de 2008

MITO Y LEYENDA

Durante muchos años se han realizado estudios para determinar el status de mitos o leyendas que poseen las historias de corte indígena recogidas por Adrian del Valle y Pedro Modesto Hernández en la zona de Cienfuegos y las recreadas literariamente por Samuel Feijóo de las recogidas en el territorio matancero por Alvarado. En la actualidad existen importantes investigaciones como las de Rives Pantoja, que desde un punto de vista estructuralista hacen un análisis de estas y las ubican dentro de la categoría de leyendas populares locales con cierto basamento indio. En el presente trabajo, aunque no hacemos los análisis desde una posición de estructuralismo sino más bien un estudio lingüístico y de funcionalidad de los personajes y héroes culturales dentro del mito, llegamos a conclusiones que nos acercan a las arribadas por Rives por caminos diferentes.
Según Eliade (1983:25) las características del mito son:
1- Constituye la historia de los actos de los seres sobrenaturales
2- Esta historia se considera absolutamente verdadera y sagrada
3. El mito se refiere siempre a una “creación”, cuenta como algo ha llegado a la existencia o cómo un comportamiento, una institución, una manera de trabajar se han fundado, es esta la razón de que los mitos constituyen los paradigmas de todo acto humano significativo
4- Al conocer el mito, se conoce el origen de las cosas y por consiguiente se llega a dominarlas y manipularlas a voluntad, no se trata de un conocimiento "exterior”, “abstracto”, sino de conocimiento que se vive ritualmente ya al narrar ceremonialmente el mito, ya al efectuar el ritual para el que sirve de justificación
5- De una manera u otra, se “vive” el mito, en el sentido de que se está dominado por la potencia sagrada, que exalta los acontecimientos que se rememoran y se reactualizan.”
A diferencia de las leyendas el mito está ubicado en el tiempo primigenio, es filosofía primitiva, la forma más simple de presentación del pensamiento en la compresión del mundo y su explicación, mientras que la leyenda es historia primitiva, transformada e idealizada, de personajes estrictamente individuales y humanos y que aunque posean poderes mágicos nunca se les considera seres sobrenaturales.
En el caso que estudiamos, los llamados mitos de Cienfuegos y de Matanzas, aunque existen puntos de contacto, difieren de los mitos taínos recogidos por Pané en La Española (Haití), sobre todo en el caso de Cienfuegos, en lo que respecta a la creación o surgimiento. Más que mitos nos parece estar en presencia de leyendas territoriales con una raíz en mitos de origen Arauco, permeados por otras mitologías, o el empleo de leyendas con carácter etiológico utilizadas para dar respuestas a elementos particulares del entorno. Como ya hemos explicado, en las creencias de Haití, las cuales suponemos muy similares a las de a región oriental de Cuba por las constantes migraciones entre las dos islas, así como las coincidencias en los motivos y representaciones artísticas, los mitos son emergentes: el hombre y los astros surgen del interior de cavernas o antros subterráneos, mientras que en los recogidos por Valle el hombre es creado por el Sol y la mujer por la Luna, a quien llaman Maroya. El único punto de coincidencia hasta este momento es que el Sol que llaman Huión, es una posible deformación del Huin, nombre del mismo astro en las creencias de los grupos aruacos protomaipures de las Antillas Menores, llamados también caribe insular, en tanto que Maroya es la forma en que algunos autores nominan a Márohu. Esta mezcla de creencias es la que nos da pie para comenzar nuestra hipótesis de leyendas locales con elementos de otras mitologías.
En las leyendas de Jagua se observa una clara influencia heliocentrista que no proviene de aborígenes de origen aruaco. Aunque la onomástica dentro de estas si pudiera tener una raíz aruaca, más bien se asemeja a tradiciones orales populares con influjos de otras mitologías y elemento de los mitos de La Española, añadiendo nombres de procedencia aborigen de personajes reales de la zona o imitación de ellos, en un entorno de época en donde existe toda una corriente, de corte siboneísta, de retomar lo sobreviviente del elemento indígena. Según estas leyendas el Sol crea al hombre para que lo adorara, este es uno de los elementos culturas no aruacas, ya que en la mayoría de estas, el Sol aparece sólo como fuente catalizadora de los procesos naturales y de la vida, pero no vinculado al Ser supremo ni a los mitos de creación o emersión. En cuanto a la creación de la mujer por la Luna sí puede estar vinculada a mitos de origen aruaco como el de los guanaros de la costa de Venezuela, los cuales afirman que todas las mujeres son hijas de la Luna, López-Baralt (1976:65). Arrom (1989:33) en su estudio sobre la madre del Ser Supremo traduce su epíteto Guacar como Señora de la Luna de las Mareas y de la menstruación, vinculada a la fecundidad; los yanomamos creían proceder de la sangre brotada de Periboniwá (Espíritu de la Luna) al tocar la tierra. Las leyendas que analizamos plantean que Jagua, la madre de las mujeres, surgía del toque de un rayo de Luna en un montón de fruta madura sobre la tierra, otros de creencias similares existen entre los sálivas, que se consideran hijos del Sol, de los árboles y de las frutas.
Valle (1919:13-16) plantea que la Luna, Maroya, es la madre de todas las mujeres, creando a Guanaroca primero, y a Jagua después como esposa de Caonao; esta última sólo tuvo hijas, mientras que Guanaroca es madre de varones. En este punto la diferencia entre los mitos taínos y la leyenda cienfueguera está dada en que en el primero los hombres y astros emergen de cuevas y en la segunda son creados por el Sol como Ser Supremo Creador.
Otro tema que tiene su reflejo en esta es el de la inundación o diluvio. Pané (1990:29-30) refiere esta, con la ruptura de la güira (o calabaza, como él la llama) que contenía los huesos de Yayael, primogénito de Yaya, quien le da muerte por rebelarse contra lo establecido (asesinato primordial en la persona de un héroe cultural). En este mito hay una profunda carga moral y de establecimiento de tabúes o prohibiciones, además de su carácter etiológico.
"Dicen que fue tanta el agua que salió de aquella calabaza, que lleno toda la tierra, y con ella salieron muchos peces; y de aquí dicen que haya tenido origen el mar.”
Pané (1990:2 9)
La leyenda de Cienfuegos nos narra como Hamao al dejar morir por abandono a su hijo Inao, por temor o vergüenza ante su crimen, lo esconde en una jícara (güira) que cuelga en medio del monte. Al romperse esta, cuando es hallada por Guanaroca, madre del muchacho, se derrama gran cantidad de líquido, peces y tortugas producto de la transformación de los huesos del niño. Cuenta también la leyenda que los peces se convirtieron en ríos y las tortugas en cayos y en la península de Managua, en la costa cienfueguera. Al llanto de Guanaroca se le atribuye la formación de la laguna que lleva su nombre. Leyenda de dolor y pérdida con elementos etiológicos del entorno, pero sin la presencia de seres sobrenaturales, ni moraleja ética, ni rememoración cultual.
El resto de los personajes legendarios o “héroes culturales”, que cita Valle, como: Aipirí, Aycayía, Iguanayoca, Caonao, Iasiga, Maitío, Uaguano; poseen en sus nombres raíces de términos aruacos de los cuales en la segunda parte de este trabajo hacemos algunas consideraciones onomatológicas para tratar de identificar su posible etimología. En tanto que por un lado nos ofrecen respuestas al origen de algunos de los componentes del entorno ecológico del hombre de esta región, se diferencian de los mitos taínos y de la mayoría de los mitos primitivos en que en estos últimos el nombre guarda estrecha relación con la función que desempeña su poseedor dentro del mito o con alguna característica particular que lo identifique. Sin embargo en los mitos de Jagua los nombres no corresponden con funciones específicas, salvo algunos que, si nuestra traducción correspondiera fielmente al significado real del nombre estarían en el caso de destacar características personales de individuos en cuestión (ver Aipirí, Maitío y Aycayía en Mitonimia Aborigen Taína). Los personajes a los que corresponden funciones etiológicas propiamente dichas no tienen correspondencia entre función y nombre.
Otro de los paralelismos es la leyenda del abandono de los niños pequeños. En este caso el abandono es voluntario por parte de la madre despreocupada y el sonido onomatopéyico del llanto, guao~guao, es el nombre que recibe la planta en la que son transformados (Comocladia dentata), diferenciándose del mito recogido por Pané en el elemento de la naturaleza en que se da la metamorfosis. En el mito es en el reino animal (son convertidos en ranas) y en la leyendas es en el reino vegetal (guao, posible intromisión de elementos africanos en la leyenda, recuérdese la importancia del reino vegetal para estos). Tenemos además que no siendo, dentro de la leyenda, todos los niños menores, es simplemente llanto y no, petición de alimento, aunque haya sido provocado por falta de este.
Las otras leyendas se relacionan con el carácter moral o ético en cuanto a costumbres o a violación del orden establecido como la de Iasiga transformada en monstruo marino por traicionar a su esposo, la propia leyenda de Aipirí convertida en Tatagua por abandonar a sus hijos, o el de Aycayía metamorfoseada en ondina o sirena, detalle de influencia europea, por perturbar el modo de vida.
Elemento esencial que corrobora la no existencia de mito es la ausencia de cemíes o seres sobrenaturales con carácter de ídolos en estas narraciones y el que todas las invocaciones son realizadas a Mabuya, en el caso de Jagua, y al Dios Murciélago en las de Matanzas, lo cual puede tener su origen, en el primero de los casos, en la interpretación de este ser como Ser Supremo y su vinculación a Huracán. Hasta el momento desconocemos la procedencia del personaje de Caorao, referido por Adrián del Valle, como dios del huracán y la tempestad, tampoco se pudo encontrar paralelismos o interpretaciones de este vocablo en la lengua aruaca.
En el caso de Matanzas pocas leyendas de corte o raíz aborigen han llegado hasta nuestros días y mas que relatos mitológicos son leyendas de personajes idealizados, pero estrictamente individuales y humanos que dan origen a elementos del entorno geográfico territorial como son las leyendas de Baiguana y Yumurí. En estas leyendas recogidas por Alvarado y recreadas literariamente por Feijóo no existen fundamentos que responden al surgimiento del hombre, ni de la cosmogonía, ni hay presencia de deidades, aunque superficialmente se mencione el a citado “Dios Murciélago”, que probablemente sea una representación zoomorfa de este animal tan abundante en nuestros campos y cavernas, sin considerarlo Ser Supremo.
Los personajes de las leyendas matanceras, como los de Jagua, a diferencia de los mitológicos son héroes humanos dentro del tiempo ordinario, no sagrado, no se ubican en el tiempo anterior al mundo convencional y no están relacionados con la adquisición de los bienes naturales para la vida del hombre por lo que no constituyen paradigmas en el comportamiento del hombre primitivo de nuestra isla, ni existe tampoco rememoración cultual.